Jened Camp mucho más que un campamento

No todo lo que nuestros amigos nos recomiendan para ver es bueno, no. Depende de los gustos, las necesidades, las inquietudes, o los tiempos de cada uno. Sin embargo, el otro día todo encajaba, así que, ¿por qué no? Palomitas, mantita y documental “Crip camp: a disability revolution”. Y antes de que se me olvide, gracias Jesús https://jgamago.com/ por tu recomendación. https://www.facebook.com/JGAmago/posts/10219120343350866

No quiero descubrir mucho de este documental, cada cual saque sus propias conclusiones. Pero sí adelantar que merece la pena reflexionar acerca de su contenido ya que, nos acerca a una realidad que, por desgracia, está muy vigente aún hoy en día. Me refiero al hecho de que, aun habiendo avanzado mucho, y la legislación a lo largo de los años haya ido articulando medidas cuya aplicación pretendía la mejora de la calidad de vida de las personas con discapacidad, aún no se ha conseguido que, éstas, puedan disfrutar al cien por cien de sus derechos, que, por cierto, los tienen.

Década de los 70. Campamento Jened dirigido por un grupo de “hippies”. Grupo de jóvenes con discapacidad. 504 Sit-in (1977). Sección 504 de la Ley de Rehabilitación de 1973. Ley para estadounidenses con discapacidades (ADA, 1990). Y una realidad tangible, desde la aprobación de la Sección 504 en 1973 hasta 1977 ninguna regulación publicada en relación con los derechos civiles de las personas con discapacidad. De esto va este documental. De cómo un grupo de personas con discapacidad logra movilizarse, entendido y defendiendo que, la mejor forma de conseguir los objetivos era a través de la unión. Unión entre las propias personas con discapacidad, con discapacidades diferentes, y de otros colectivos y movimientos sociales que también luchaban por sus derechos y les brindaban su apoyo, más allá de las organizaciones de discapacidad.

Las siguientes frases extraídas del documental me parecen importantes y sugerentes para la reflexión. ¿Repensamos?

“Tienes que ser muy extrovertido. Tienes que acercarte y presentarte a la gente, porque ellos no se acercaran a ti”.

“La importancia de no saber diferenciar quién es el campista y quién el supervisor en el campamento. Sólo así es posible mirarnos desde la igualdad”.

“Ven al campamento… y te encontraras a ti mismo”.

“Ser adolescente sin estereotipos ni etiquetas. El problema no era de las personas con discapacidad sino de las personas sin discapacidad”.

“Los supervisores no parecen niñeras. Nunca me habían tratado así en un campamento”.

“Ser inclusiva para que la gente se sienta parte de lo que está pasando”.

“Había en el campamento más libertad y autonomía”.

“Se asocia la discapacidad con una enfermedad”.

“Nos respetábamos y todos creíamos que lo que decían los otros era importante. De algún modo, aun siendo tan jóvenes sabíamos que éramos excluidos. No queríamos excluir a nadie, estábamos dispuestos a escuchar”.

“Fuera del campamento no me sentía un chico guay, dentro sí”.

“Empecé a experimentar que otras personas, que no fueran mi padre o mi madre, hicieran cosas por mí”.

“Padres demasiado buenos y excesivamente protectores”.

“Cree que le han negado el derecho a la intimidad. Creo que es uno de los principales derechos”.

“En el campamento veíamos que nuestras vidas podían ser mejores”.

“No tienes nada por lo que luchar si no sabes qué existe”.

“Se trataba de cambiar también fuera del campamento. Intentar adaptarse, encajar en un mundo que no estaba preparado para mí”.

“Si no te respetas a ti mismo, y no pides lo que crees que mereces, no vas a conseguir nada”.

“La gente tiene que implicarse y sentir que ha marcado la diferencia, si no, no permanecerá ahí mucho más”.

“No te conozco, pero te creo. Éramos testigos de nuestras verdades. Te entiendo, y te creo”.

“Cuando los muros que te rodean empiezan a desaparecer, la barrera que uno se impone, al pensar que hay que superar la discapacidad, causa estragos, era negar una parte de lo que soy”.

“Si tengo que dar las gracias por poder usar baños accesibles, ¿cuándo seré una igual en la comunidad?”.

“Nosotros, personas con discapacidad, estamos aquí para asegurar, al grupo de americanos discapacitados, la vida diaria normal que las personas sin grado de discapacidad, a menudo, dan por supuesto”.

Desde el campamento, para el documental se han utilizado las imágenes filmadas en 1971 por el grupo People’s Video Theater han pasado casi 50 años y siguen vigentes los estereotipos que dificultan la inclusión de las personas con discapacidad en esta sociedad a la que todos pertenecemos.

Vivimos en una sociedad aún marcada por el modelo médico rehabilitador que no deja espacio al fortalecimiento del modelo social de la discapacidad, para el que las limitaciones individuales no son las raíces del problema, sino las limitaciones de la propia sociedad para prestar servicios apropiados y para asegurar adecuadamente que las necesidades de las personas con discapacidad sean tenidas en cuenta dentro de la organización social. (Palacios, 2008)

Seguimos presenciando atónitos barreras arquitectónicas y cognitivas que dificultan que las personas con discapacidad puedan acceder, y disfrutar ya en el interior, en igualdad de condiciones, de los museos, restaurantes, transporte público, empresas, comercios, etc.

Seguimos sintiendo miedo a lo diferente, a lo desconocido. Leyes que no se cumplen, la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de 2006 sigue sin cumplirse en el 2020. Es importante que cambien las actitudes, la visión social de la inclusión. Ya lo dicen en el documental:

“Mientras no cambien las actitudes sociales las leyes tampoco sirven para mucho”.

Repensemos la sociedad para poder transformarla.

Natalia Simón 🌙

El teatro sistémico como herramienta de transformación social

23:11 horas del 16 de octubre de 2019 suena el móvil, acaba de llegar un whatsapp.

“Hola. Estoy preguntando a varias personas. Te interesaría participar en una formación gratuita de teatro sistémico diez días en Milán?. Del 28 de noviembre al 8 de diciembre.
Por un instante pensé que Emma se había confundido de destinatario. ¿Por qué a mí? Pedazo regalo me hacía. En menos de dos minutos ya estaba comentando con mi pareja la forma de organizarnos para poder aceptar la propuesta. Y, otros dos minutos después, así tal cual, y sin preguntar mucho más, la respuesta fue un SÍÍÍ, me apunto!!
El 22 de octubre, confirmado!! Nos vamos a Milán a formarnos sobre teatro sistémico. Fascinada a la vez que inquieta, pero desde luego expectante y agradecida.
El 11 de noviembre se me incorpora a un grupo de whatsapp creado específicamente para el viaje-formación. Grupo de siete personas, todas desconocidas y con un único nexo de unión, Emma. Comienza la aventura!

Pero, ¿qué es el teatro sistémico?

Emma Luque, fundadora y facilitadora de conflictos de la entidad 3Social y responsable de la escuela de Teatro Sistémico lo explica muy bien: “El teatro sistémico bebe del teatro de la escucha y del teatro del oprimido, que están en el marco del teatro social, que a su vez deriva del teatro político. El teatro político se desenmarca del teatro al uso porque apuesta por dar foco a temáticas de carácter político y como decía Bertolt Brecht es un teatro que no debe dejar ajeno al público de lo que trata, pretende romper con la cuarta pared en el sentido de que el público forme parte del análisis y se vaya cuestionando lo que ha visto, para que la obra contamine la vida y al revés”.

Por lo tanto, el teatro sistémico sería:
– Teatro político, porque todos sus procesos de indagación y trabajos artísticos buscan mostrar temáticas que despierten en el público la mirada crítica y el cuestionamienro de los problemas sociales y políticos.
– Teatro terapéutico, porque igualmente busca en todos sus procesos que las personas participantes (tanto participantes de procesos de trasformación personal como público de los procesos artísticos) puedan identificar en sus vidas y en sus conflictos emocionales aquello que se trabaja en los procesos de indagación.
– Teatro del oprimido porque a nivel político, pone el foco en la visibilidad de los engranajes de opresión social, cultural, político y económico, buscando que, tanto participantes como público, cuestionen las bases de la violencia estructural en donde forman parte como agentes opresores y agentes oprimidos.

Aprendizaje, viaje a lo más profundo de mi interior. Refuerzo de mi amistad con Emma, cinco amigos más que permanecerán en mi vida y no sólo como un recuerdo, Bego, Charo, Zósimo, Antonio y Laura. 798 archivos compartidos desde entonces. Risas, momentos, fotos que posibilitan materializar lo vivido, mantener viva la experiencia. Compañeros de formación de otros países, de Grecia, Alemania e Italia, que juntos, todos, aprendimos que para vivir en paz es necesario conocer las estructuras que nos oprimen, las opresiones y las relaciones de poder; reconciliarnos con nuestros ancestros, con el mundo, con nosotros mismos. Que es más importante resolver los conflictos desde el vector del amor que desde el vector de la violencia, como socialmente viene siendo habitual. Y, que es más efectivo y positivo conectarse con el alma y con el amor, que con el odio.

La transformación de la sociedad empieza hoy, y empieza conmigo.

Natalia Simón 🌙

¿Por qué nos creemos los bulos?

En los últimos tiempos el número de fake news está creciendo vertiginosamente. No es algo nuevo, pero si es algo que en los últimos años ha aumentado dado el alcance que tiene Internet. Sin entrar en el fin que tienen, por qué aparecen, para desprestigiar, polemizar, influir, o crear alarma social, por ejemplo. Sí me gustaría exponer, por qué las noticias falsas, los rumores, los bulos, llegan a hacerse eco entre la población, hasta el punto de tener que ser desmentidos para evitar que consigan lo que pretenden conseguir.
Está claro que los bulos son mucho más llamativos y estridentes que cualquier realidad que podamos vivir por muy asombrosa que ésta sea.
En primer lugar, las fake news consiguen su cometido porque no tenemos desarrollada la competencia informacional propia, por ejemplo, de la sociología de las organizaciones, que es la competencia que nos proporcionaría las habilidades y los conocimientos necesarios para interactuar de forma efectiva con la información. Sería la habilidad de reconocer una necesidad de información y la capacidad de identificar, localizar, evaluar, organizar, comunicar y utilizar dicha información de forma efectiva, tanto para resolver problemas como para aprender a lo largo de la vida.
Actualmente accedemos a Internet y esto facilita el acceso a la información, pero, a su vez, se evidencia una abundancia de la misma, y aunque a primera vista parece algo positivo, genera también efectos negativos como, por ejemplo, la dificultad que nos supone encontrar de forma rápida y eficiente la información que necesitamos, la inseguridad con respecto a la calidad de la información que encontramos o la credibilidad de las fuentes que consultamos.
Por lo tanto, es muy importante desarrollar la capacidad de discernir entre lo que es verdad o lo que es real y lo que son bulos o fake news. Es importante cultivar ya desde pequeños, en casa y en el colegio también, la reflexión, el pensamiento crítico, y cada vez es más importante precisamente porque vivimos en la sociedad del conocimiento, aunque a veces pienso que vivimos, más bien, en la sociedad de la opinión y de la desinformación.
Y el segundo aspecto que creo importante, y que ya he mencionado antes, sería precisamente el relacionado con la credibilidad de las fuentes que consultamos, sin duda la confianza que te genere la fuente, a veces incluso habiendo desarrollado esa habilidad de discernir la verdad, nos fiamos ciegamente de lo que nos llega sin llegar a contrastar.
Y, cuánto más próxima es la fuente más confianza. La proximidad puede ser por ideologías compartidas, seguimiento de influencers, o afinidad con la fuente en cuestión.
Este confinamiento es una gran oportunidad para cultivar esa competencia informacional. Desarrollar un pensamiento crítico, la reflexión de todos los datos y toda la información que nos llega a través de familiares, amigos, compañeros, a la que accedemos por internet, en las redes sociales u otros medios de comunicación.
Esa capacidad informacional nos permitirá, sin duda, ganar tiempo para la acción, nos permitirá no agotar nuestras fuerzas y energías en el desmentir los bulos que otros lanzan, como decia al principio del texto, para desprestigiar, polemizar, influir, o crear alarma social.
Tengamos nuestro propio criterio, nuestro propio pensamiento, que será sin duda, la mejor forma que tengamos de libertad.

Natalia Simón 🌙

Los mayores sí importan

Esta mañana he despertado agradecida. El pasado sábado, 4 de abril, escribí una reflexión relacionada con el cuidado de nuestros mayores en estos momentos de confinamiento. Se la mandé a Alicia Avilés, periodista de Eldiario.es Castilla-La Mancha para uno de los blogs de este diario, “Castilla-La Mancha desde tu ventana”. Hoy lo han publicado y yo lo comparto aquí:

Días de silencio. Pero no es el mismo silencio de otros sábados. Oigo gente que habla en la calle, me asomo a la ventana y veo un Santana Aníbal CLTT 4×4 aparcado justo delante de la puerta de la Residencia de Mayores. Al lado del todoterreno y de la entrada de la residencia, cuatro hombres, efectivos de la Unidad Militar de Emergencia, todos ellos ataviados con sus correspondientes Equipos de Protección Individual. Acababan de salir de la residencia de limpiar y desinfectar sus instalaciones con medios portátiles de desinfección, y procedían a limpiarse sus equipos, incluso se ayudaban unos a otros a hacerlo. Ya sin sus monos blancos de protección y uniformados oficialmente charlaban en la puerta.
Reconozco que este sábado me he despertado un poco más tarde que otros sábados, pero no por el confinamiento si no porque la noche del viernes no fui capaz de levantarme del sofá, se estrenaba la cuarta temporada de La casa de papel y el final de cada capítulo me dejaba con ganas de más hasta que cayó, literalmente, toda la temporada.
Sigo mis tareas domésticas (hoy va todo con retraso…) y a las 14.47 horas oigo el sonido del motor de un camión, vuelvo a asomarme a la ventana y veo que acababa de llegar un Iveco Eurocargo rojo. Llegaba unos minutos antes de que el presidente del Gobierno anunciara que se alargaba 15 días más el estado de alarma, hasta el próximo 26 de abril, como si de la prórroga de un partido de fútbol se tratara.
Reconozco que no me estaba sintiendo muy bien, me sentía como una “cotilla” espiando sin piedad a unos jóvenes mientras trabajaban, esperando a que hicieran algo mal, que incumplieran el protocolo, las medidas tomadas, no sé, ver algo que me posibilitara poner en alza mi dedo acusador. Pero no, en verdad les miraba con atención, jóvenes sí pero profesionales también, que con cuidado se limpiaban y desinfectaban. Unos se dispusieron a comer, un bocadillo, supongo, retirándose a un espacio más alejado de la entrada, mientras otros recogían las mochilas, pulverizadores y demás equipos. Les observaba así para poder dejar constancia y poder relatar un hecho relacionado con lo que está pasando en nuestras calles, en nuestras vidas, en nuestra sociedad, ya que desde el pasado viernes 13 de marzo solamente he salido una vez, a comprar, y pocas son las veces que me he asomado a la ventana a ver si pasaba alguien, aunque fuera a pasear a su perro, a ver si pasaba algo, y no tener solamente la información que me llega por los medios de comunicación o por lo que me cuenta algún amigo. Aunque muchas sí han sido las veces que me he asomado con tristeza para pensar en cómo se estaría viviendo esta trágica situación en la residencia vecina.
No voy a entrar en otros temas o aspectos, sólo quiero centrarme en la importancia que tiene cuidar a nuestros mayores, devolverles lo que un día ellos hicieron por nosotros, por amor, por humanidad, por derecho. Poder pensar que cuando yo sea mayor, los jóvenes de ahora que tendrán mi edad vean a los jóvenes de esa época cuidando de nosotros, y éstos de ellos, después, más adelante, porque es la única manera de entender la vida, a través del cuidado, cuidarnos para poder querernos.
Que los jóvenes de ahora no tengan que leer a mi edad las atrocidades que yo leo estos días, la discriminación en la atención sanitaria a mayores, justificando sin sentido que no vale la pena que el sistema sanitario intente salvar la vida de personas mayores de 80 años.
Por eso creo hoy me quedé observando desde mi ventana, para comprobar que sí seguimos cuidando de nuestros mayores y de los cuidadores de éstos en las residencias de mayores. Que, si nos importan, al menos a algunos.

  • Según el informe “Un perfil de las personas mayores en España, 2019. Indicadores estadísticos básicos”, dirigido por el investigador científico del departamento de Población del CSIC, Antonio Abellán García, las personas mayores de más de 65 años a 1 de enero de 2018 suponían un 19,1% de la población española (INE, 2018).

Natalia Simón. 🌙

https://m.eldiario.es/clm/clmdesdelaventana/mayores-importan_6_1013908606.html

Y, cuando todo pase, ¿qué?

Quizás no se lleva tan mal el hecho de estar en casa “encerrado”, sin salir. Es cierto que es la primera vez que un hecho social nos afecta a todos, a todos los países, ricos y pobres, a todas las personas, famosos, políticos, etcétera. Pero también es cierto que no nos afecta a todos por igual. Hemos perdido la sensación de libertad a la hora de decidir, la libertad de hacer lo que queramos ya que hay una situación de alarma que nos obliga a no salir de casa, a excepción de determinadas situaciones, claro. Y, además, las medidas que se están adoptando en muchos casos no alivian la situación extrema que viven o están empezando a vivir muchas familias.
Esta situación puede generar posteriormente, cuando todo pase o medio pase, conductas antisociales, conductas que, socialmente hablando, no son “normales”, no son las “esperadas”, las “aceptadas”, que se generan precisamente por considerar que las instituciones no les han aportado las herramientas necesarias para vivir en comunidad, en sociedad. Es lo que en Sociología se conoce con el término de ANOMIA, desarrollado por Emile Durkheim, que explica como las personas se aislan por la falta o la incongruencia de normas sociales.
De todas formas, la historia nos permite intuir que seguramente, poco a poco volveremos a la vida que teníamos, a medio-largo plazo. Aunque esta situación que estamos viviendo es plenamente nueva, y desconocida.
Seguramente seguiremos viendo, por un tiempo, gente con mascarilla por la calle, habrá repuntes racistas, aumento de suicidios, más pobreza…
Seremos OTROS, nunca volveremos a ser los mismos.
Valoraremos más lo público, la sanidad pública, seremos más humanos, entenderemos mejor a todas las personas que se sienten rechazadas, discriminadas por el mero hecho de emigrar de sus países en busca de una vida mejor. Cuidaremos más el medio ambiente, seremos más comedidos a la hora de consumir… Pero sólo si sabemos aprovechar lo que está ocurriendo para mejorar, estamos a tiempo de cambiar el rumbo de la sociedad.
Llevamos muchos años arrastrando una crisis ambiental que nos indica la necesidad urgente de una transformación social, apuntando rígidamente a un cambio en los modos de consumo. Una crisis económica y financiera resuelta, a medias, desde un enfoque capitalista que deja en el olvido toda la problemática ecológica y todo cambio de sociedad.
Es imprescindible invertir en ciencia, en investigación. En protocolos que funcionen eficazmente ante posibles situaciones de emergencia. Trabajar con equipos interdisciplinares. Pero, sobre todo, dos aspectos que me gustaría resaltar, el respeto a la naturaleza y la unión, la cooperación. Por desgracia estamos presenciando ataques entre partidos políticos y la sociedad, los votantes, están cansados más que nunca, percibiendo que ni en situaciones extremas como estás se ponen de acuerdo, primando más intereses personales, partidistas, económicos o chovinistas.
La sociedad ha comprobado como lo que se nos niega siempre a nivel normativo, de estructura empresarial, aprendizajes varios, es posible. Al igual que ser solidarios, empáticos y sociales. Reencontrarnos con nosotros mismos para vivir en una sociedad diferente, más humana, más social, más respetuosa con las personas y por supuesto, con la naturaleza.
Creo que todos y cada uno de nosotros deberíamos preguntarnos qué vamos a hacer cuando termine todo esto. Y en estos casos, en casa, crearnos unas expectativas moderadas, realmente alcanzables para no caer en futuras frustraciones, es primordial cultivar las emociones ya que la mejor manera de esquivar las frustraciones, los fracasos o situaciones inesperadas es a través del control emocional. Esta situación nos ha obligado a salir de nuestra zona de confort. Ahora y después toca adaptarse.
La transformación de la sociedad pasa también por un cambio en otras esferas. Tal y como apuntaba hace años De Sousa, teórico de la sociología de la emergencia, “la condición necesaria para hacer frente a la exclusión social que afecta a cada vez más seres humanos es llevar a cabo una doble reinvención: la del Estado y la de la democracia”.
Por lo tanto, considero que sólo si somos conscientes de que no lo estábamos haciendo muy bien, y queremos que emerja una sociedad diferente, y consideramos a su vez que esta crisis sanitaria sin duda traerá más exclusión social, la transformación social solo podrá emerger de la mano de una reinvención del estado y la democracia.

Natalia Simón 🌙

Golpe de realidad

Salto obligado a la madurez, a la sensatez, al entender sin entender muy bien qué está ocurriendo.
Como si se tratara de un golpe de suerte esto ha sido un golpe de realidad.


A mi nunca me ha costado estar “encerrada” en casa, nunca, ni en pisos de pocos metros cuadrados sola unos meses, sola con mis hijos los meses restantes, ese fue mi aprendizaje en su momento. Es lo que conlleva una custodia compartida, por convencimiento, aunque finalmente el tiempo haya dado la razón a la sin razón. Tampoco me cuesta ahora, en una casa con más metros cuadrados, con mis hijos y mi pareja.


Lo que si es cierto es que ahora es más llevadero, no solamente por los metros de más sino porque hay más comida en el frigorífico y en los estantes de la cocina, no digo que antes no la hubiera, pero ahora hay más diversidad, más para elegir. Porque ahora puedo hablar, expresar mis emociones con una persona adulta, que me quiere siempre y me soporta a ratos, no más no menos que por el estado de “encierro”. Porque ahora mis hijos son más mayores y aunque la adolescencia no es fácil, ya no dependen de mi para todo, comidas, baños, estudios, entretenimiento… Porque el cáncer se me ha llevado a muchas personas queridas, familiares más mayores que yo (abuelos, padres, tios) y ahora no tengo que estar pendiente de cuidados, enfermedades, soledad… no tengo que atenderles ni en casa, ni en la distancia. Porque mi trabajo permite el teletrabajo y tengo la confianza y apoyo de mis “jefes” (entre comillas porque no les gusta este término).


Todas las vivencias traen de la mano aprendizajes, lo importante es aprender lo que te trae cada nueva situación.


En estos largos días (aunque hay días que se pasan volando y siguen faltando horas aun confinados, teletrabajo, recibimiento de tareas escolares, tareas propiamente caseras, etc.) da tiempo a analizar la vida con un sencillo DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas, Oportunidades), la vida vivida y la vida soñada, el futuro por venir cuando todo esto pase.


Tantas horas juntos (con la familia o en solitario con uno mismo) que da tiempo a decubrinos y a descubrir aspectos del otro, totalmente desconocidos, ocultos, escondidos, o simplemente simulados…
De esta saldremos leo en toda las redes sociales (lo poco de “social” que tiene esta extraordinaria situación actual) pero la pregunta es ¿cómo saldremos?, ¿cuánto de cambiados?.
Saldremos de la mano y con besos, sin mirarnos y con reproches. Y no me refiero solamente a la convivencia en casa, sino a la convivencia en sociedad.

No todos tenemos la misma situación y por lo tanto, las mismas medidas no son válidas para todos por igual. Y ahora más que nunca es importante tirar de aprendizaje, de valorar lo que se tiene, de acordarse de lo que se ha perdido. De que, aunque el COVID-19 ha sido el único capaz de medirnos a todos con el mismo rasero, no todos lo estamos viviendo con las mismas necesidades, ni el mismo contexto económico, laboral, familiar, social en definitiva.
La sociedad sin personas no es sociedad.


Críticas por todo, a todos, se visibiliza más que nunca la irracionalidad del ser humano en todas las vertientes. ¿Es necesario que nos prohíban salir de casa si siempre habrá transgresores de la norma? El simple sentido común tendría que hacernos tomar decisiones de motu propio. Pero, quizás, tengamos un desánimo arropado de incredulidad que no nos permite reaccionar como se espera que hagamos.


Llevo años citando las palabras de Emilio Lledó en las clases que imparto a alumnado de 2° de Educación Infantil y de Primaria en la parte de Sociología de la asignatura Educación y Sociedad, “para qué queremos libertad de expresión si no tenemos libertad de pensamiento”. Ayer tuve la oportunidad de leer una entrevista reciente en la que decía lo siguiente: “es clave cultivar la inteligencia crítica, y una situación como esta lo revela. Entre tanto exceso de información, de palabras refritas, y peor, entre tanta desinformación, el ciudadano debe ser capaz de plantearse las preguntas propias de una mente libre: quién nos dice la verdad, quién nos engaña, quién quiere manipularnos”.


Mantengo mi propuesta de clase (y también en mi día a día), y totalmente de acuerdo, de nuevo, con este señor. Siempre lo digo a mi alumnado, curso tras curso: “desarrollemos la capacidad reflexiva, analítica, la crítica constructiva,  el cuestionamiento de la información,  de los datos. Sólo si somos capaces de contrastar la información podremos tener libertad de pensamiento y solo así, entonces, libertad de expresión. Que no de acción. Como nos ha quedado claro desde el pasado 13 de marzo con el estado de alarma.


No, no me cuesta estar “encerrada” en casa, pero sí, estarlo sin entender la situación.

Natalia Simón 🌙

21 días de confinamiento

Hoy mi hijo mayor me ha preguntado si esta situación la había vivido anteriormente, le he respondido que no. ¿No?, ¿nunca antes habíais estado confinados? No hijo, no. ¿Ni has vivido una guerra? Está claro que mi hijo me ve mucho más mayor de lo que mi DNI grita. Eso, o que no tiene un fluido dominio de fechas históricas.
Parece que memorizar fechas no sirve de mucho si no se contextualizan los acontecimientos.

Que si el profesor, que si los padres,  que si el sistema educativo, que si el coronavirus…
He leído en estos pocos días (no voy a extenderlo a estos 15 años, edad de mi hijo mayor) variedad de opiniones, de profesoras y profesores, he aquí algunas de ellas:


– “Los padres ahora se están dando cuenta del esfuerzo y trabajo que es tener un niño durante 3, 4 o 5 horas trabajando, aprendiendo, intentando que pongan interés y haciendo piruetas para que no se aburran. Y se trabaja con más de 30 alumnos. Quizá es el momento de valorar el trabajo de los maestros”.
– “Los profesores durante estos días hemos preparado a contrarreloj trabajo y sesiones didácticas a través de diferentes plataformas digitales para nuestro alumnado…, preparando documentación, elaborando informes de seguimiento…, una burocracia excesiva en un  momento en el que debería primar la docencia. Da la sensación de que la Administración tenga que justificar que nos sigue pagando un sueldo…Mi aplauso hoy es para todos los docentes que estamos implicados en que nuestros alumnos sufran el menor perjuicio posible.
– “Las redes están saturadas. Los chicos piden ayuda a padres que no saben, no pueden o no quieren a la situación del día a día agregarle una más…Las consignas suelen necesitar una explicación que en ausencia del docente se traslada al familiar más cercano o a otro compañero vía WhastApp lo que suele oscurecer en vez de aclarar…”.


Es como si hubiera una o varias dianas a las que apuntar pese a quien le pese. Hay que buscar culpables, no desarrollamos la capacidad de asumir que esta situación nos ha pillado a todos, TODOS, desprevenidos. Y que ya habrá tiempo de ir reconstruyendo corazones rotos. Corazones en desempleo forzoso; corazones de niños retenidos en las fronteras de las paredes de sus casas; corazones de mayores en soledad forzada agradecidos por la humanidad de sus vecinos, de los voluntarios que día a día les preguntan si necesitan algo; corazones rotos de almas perdidas en políticas públicas forzadas también a reconducir sus medidas, sus prestaciones; corazones rotos de profesionales que están a pie de trinchera justo en la línea que separa la profesionalidad del desconcierto. Un sin fin de corazones rotos, cada uno con sus profesiones, trabajos, familias, necesidades, y voluntades.


¿A ver si ahora confundimos el confinamiento con la conciliación laboral? Cierto que muchas empresas están comprobando in situ que el teletrabajo es posible y nada malo en determinados puestos de trabajo y funciones por lo que, es como un pilotaje pero sin tiempo de entrega del informe evaluativo final que proponga, como posible medida de conciliación, teletrabajar para así poder tener tiempo para, por ejemplo se me ocurre, las tareas escolares.
Cierto también otras muchas certezas. Creo sinceramente que los profesionales de la educación están bien reconocidos, maestros, profesores, docentes… pero es como si nunca fuera suficiente. La profesión convertida en persona, y dar gusto a tantos a la vez, es más que imposible.


Habrá profesorado que siga un modelo de docencia, más conservador, tradicional, aburrido, otros un modelo más innovador (cuidado aquí a qué nos referimos con innovacion docente, no es el uso de pizarra digital), curioso, inclusivo…, profesores transgresores incluso.
Habrá padres que se quejen de todo, otros que entiendan el papel del profesorado en las aulas, unos colaboradores, otros más “pasotas”. Habrá padres en desempleo, madres con sólo un trabajo, el doméstico, no remunerado por cierto y no bien reconocido aún siendo necesario y diría yo, obligatorio, tanto como otras profesiones. Tantas y tantas situaciones, y cada una de ellas con sus peculiaridades y todas, igualmente importantes.


Y mira que soy de extremos, de blanco o negro, pero me supera la idiosincrasia de aquellos que pretenden con su dedo fácil,  ligero también diría yo, apuntar, acusar, culpabilizar.


En esta extraordinaria situación, que a todos nos ha pillado de imprevisto, dudo que algunos profesores estén adaptando la educación a la realidad de este momento, siendo más bien una continuidad ininterrumpida del horario escolar, aun teniendo la certeza de la imposibilidad de seguir normalmente los horarios cotidianos.
Los padres nos quejamos de todo (no todos), si mandan tarea porque la mandan, y si no, porque no la mandan. Pero, eso es una cosa y otra muy distinta que el profesorado actúe ajeno a la realidad, que solo les afecte “cumplir” con la normativa y estándares de aprendizaje, y así poder justificar que el alumno ha aprobado o suspendido, obviando que un alumno de primaria por mucha clase que reciba on line, por mucho vídeo de youtube, hangouts, u otros medios, no está habituado a trabajar, a estudiar de la forma obligada por un estado excepcional de alarma.


Sin embargo, el diálogo permite expresar las inquietudes, desde el respeto siempre, y el entendimiento mutuo, en este caso particular entre familias y profesorado, consiguiendo así que el confinamiento sea más llevadero para el alumnado y sus padres, y más reconocida la labor del profesorado.

Natalia Simón 🌙

Un poco de mi…

Mi nombre es Natalia Simón Medina, me siento persona, mujer, madre, socióloga, docente, e investigadora social. HUMANA!!

Mis estudios y mi perfil profesional me han hecho como soy ahora, por supuesto, también me ha hecho como soy y como siento, mi experiencia de vida, 43 años y madre de 3 hijos, que siempre han sido el motor vital necesario para seguir, y para levantarme cuando he tropezado e incluso, caído.

Licenciada en Sociología por la Universidad Complutense, Doctora en Investigación en Humanidades, Arte y Educación por la UCLM, actualmente, coordinadora de programas de la Federación Síndrome de Down de Castilla-La Mancha y profesora asociada de la Facultad de Educación de Toledo (UCLM). Y, desde hace poco, asumiendo para mi una gran responsabilidad como decana del Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla-La Mancha.
Aunque he trabajado en varias empresas, públicas y privadas, me gustaría centrarme en esta mi última etapa, la actual, para mí la más reconfortante.

Estudiar la discapacidad intelectual en sus posibles y variadas vertientes ha sido, para mí, fuente de motivación tanto a nivel personal como profesional. A nivel personal, cabe considerar mi involucración con la discapacidad intelectual a modo de trabajo de voluntariado en una asociación toledana de Síndrome de Down, actualmente denominada DOWN Toledo. Fueron dos años en los que tuve la oportunidad de conocer a personas estupendas que me aportaban mucho más de lo que yo creía que les podía aportar a ellas. Aprendí muchos de los valores humanos que actualmente siguen acompañándome en mi día a día, en las relaciones con mis hijos, con mi familia, en mi trabajo. A nivel profesional, como socióloga, siempre me he definido como “curiosa”, he sentido curiosidad por todos aquellos aspectos sociales determinantes para una plena convivencia, real, de todos los ciudadanos en una sociedad cada vez más globalizada y más interconectada en la que todo debe comenzar con el conocimiento del otro, y para ello, la investigación como medio.

Cuando se me planteó la oportunidad de retomar la realización de la Tesis, el único tema por el que me sentí verdaderamente motivada fue este, hacer posible un sueño, un doble sueño, consolidar mis estudios académicos de doctorado y mi humilde aportación en la mejora de la calidad educativa a través de la mejora del aprendizaje del alumnado con necesidades educativas especiales intelectuales. Enfocando la mirada en el alumnado con discapacidad intelectual, me generaba un halo de intuición partir de la idea de la existencia de un macrocosmos compuesto por tres elementos principalmente: la sociedad, la formación del conocimiento y la revolución tecnológica. Estudiar las principales relaciones entre estos elementos me permitiría, a su vez, intuir un microcosmos de análisis de factores esenciales también interrelacionados, cuyos componentes partirían de dicho macrocosmos. En este sentido, ese microcosmos estaría compuesto principalmente por: los actores sociales (alumnado con necesidades educativas especiales intelectuales), los procesos de aprendizaje (adquisición de competencias) y el uso de las TIC (adaptación tecnológica curricular). Pudiendo concluir que, el estudio de ese microcosmos permitiría resolver problemas del macrocosmos tales como la inclusión y la igualdad de oportunidades.

Esta cita de Fernando Pessoa refleja perfectamente lo que significó el proceso de creación y presentación de la Tesis el pasado 21 de septiembre de 2018:

“Hacer de la interrupción, un camino nuevo,

hacer de la caída, un paso de danza,

del miedo, una escalera,

del sueño, un puente,

de la búsqueda, un encuentro”.

Os invito a entrar en mi mundo, en mis sueños, reflejados en reflexiones personales cargadas de emociones y experiencias, vitales y profesionales, esperando vuestras aportaciones manifestadas con ideas, imágenes, reflexiones, piezas musicales, o cualquier otra forma de expresión, que me ayuden a ser mejor persona. ¿Os gustaría ser copartícipes en esta aventura?

Natalia Simón 🌙