La opresión que me asfixia

He sido una mujer maltratada física y mentalmente durante muchos años, desde que mis hijos son muy pequeños, por su padre. Por miedo, y por otras muchas emociones nunca denuncié, incluso mentí por proteger la integridad, supongo que también por miedo y vergüenza, porque ahora me doy cuenta que integridad he tenido siempre, la tenía, la tengo y la tendré.
Llevo algo más de diez años separada pero hoy he sentido, por primera vez en todo este tiempo, la necesidad imperiosa de hacer visible mi situación pasada, sin importarme si me cuestionan, si se asombran, si me perjudica, o si no se lo creen. Y siento esa necesidad, porque llevo años arrastrando esta situación, que me ha convertido en víctima, y que por más que intento trabajar conmigo misma ha dejado secuelas difíciles de eliminar. Cada vez que logro o he logrado sentirme menos víctima, el sistema me recuerda, una y otra vez, que un día lo fui. Es como si nunca vaya a poder quitarme esta máscara que he llevado tantos años y que ya me pesa mucho, y me asfixia hasta tal punto de decir: ¡basta ya!
Hoy salgo de mi armario, todos tenemos uno, no creáis, y salgo para no volver a entrar.
La solicitud del documento de familia numerosa, el empadronamiento, las matrículas escolares, y otras tantas situaciones, me recuerdan que, sin la firma del padre no puedo solicitar nada, ya no para mí, sino para mis hijos, los tres que tengo, menores.
Tengo, y siempre he tenido, el apoyo de las personas que me conocen desde hace ya muchos años, de mi familia, y están al tanto de esta situación, estas personas y mis tres personitas, son las que ahora mismo más me pueden preocupar si llegan a leerme. Pero sé, sin duda alguna, que en esto también me apoyaran.

Después de acumular hechos reales, y significativos, frustrantes y humillantes, hoy ha llegado la gota que ha colmado, no mi vaso, ese hace mucho tiempo que ya derramo agua, sino mi garrafa de cinco litros. Hace unos días me llegó, a través de la aplicación en la que habitualmente me llegan las comunicaciones del colegio, un mensaje en el que se me informaba, como al resto de padres, de que se iba a proceder a la “creación de una cuenta de correo institucional que ofrece un entorno totalmente seguro de trabajo online. Esta dirección de correo no puede ser creada si no tenemos la autorización paterna y materna por lo que rogamos nos devuelvan la circular que adjuntamos, debidamente cumplimentada y firmada por ambos”, eso decía textualmente. En dicha circular especifica que “es necesario que aparezca la firma de ambos progenitores o tutores. En caso de que sea posible la firma de uno de ellos, el firmante deberá adjuntar un documento en el que manifieste el motivo por el que sólo él/ella firma la solicitud (modelo normalizado a su disposición)”.
En cuestión de un par de horas hago llegar dicha autorización, como podéis imaginar adjuntando el documento de “firmado sólo por mí”. Pero no con el modelo normalizado, ese no me llegó en el email, por lo que redacté uno propio.

No me ha pillado de sorpresa la respuesta del colegio, pero os prometo que volví a creer, de nuevo, que teniendo en cuenta además está situación de emergencia mundial no me pondrían pegas como en otras ocasiones. ¡¡Pero, sí!! “Siento mucho tener que decirte que no aceptan la autorización debido a que necesitamos la firma de los dos padres…” y la solución que me dan es la de “en el caso de que no tengamos su firma, tu hijo, puede seguir usando tu cuenta hasta que se solucione la situación”.
Llamo a varios teléfonos del colegio, y al no cogerme en ninguno de los intentos, escribo de nuevo a la tutora para ver cómo puedo ponerme en contacto con la persona responsable, apuntando que, antes de ponerme en contacto con la Consejería e Inspección de Educación me gustaría hablar con el colegio.

Palabra clave: inspección.

Después de unas horas, recibo la respuesta: “Entendemos perfectamente su situación, pero también le pedimos que entienda la postura del centro ante este tipo de autorizaciones que son estrictamente necesarias…”. Preguntándome si recuerdo haber presentado en el colegio algún tipo de justificación legal o judicial de la situación familiar.
Se me ha olvidado comentar que desde el 6 de diciembre de 2018 que ocurren unos hechos muy desagradables con mis hijos en la casa de su padre, que fue cuando denuncié por primera vez, ha habido trámites legales y documentos presentados tanto en el colegio de mi hijo pequeño como en el instituto donde estudian los mayores. Y que he estado todo este tiempo a la espera de juicio, el cual, por fin después de todo este tiempo, se llevará a cabo en el mes de julio 2020.

No he podido contenerme, la garrafa de cinco litros de agua se ha roto por mil sitios, así como si hubiera sido espachurrada por las ruedas de un camión. Autorizaciones estrictamente necesarias me dicen.

Estrictamente innecesario es pasar una y otra vez, cada vez que se requiere la firma del padre entregar la documentación que hasta ahora tengo en mis manos y que ya he entregado en su momento (y las veces que fueron necesarias) al centro.
Innecesario es que una y otra vez haya que dejar constancia de nuestra situación cuando es más que conocida en el centro, por los profesores, secretaría, conserjería, y dirección.
Innecesario es no permitir crear un email a un alumno con esta situación para que pueda desarrollar sus tareas como viene haciendo hasta ahora con su email personal que, por cierto, se lo he creado yo, con mi autorización y estoy al tanto de su uso.
Innecesario es tener que utilizar los email y contraseñas mías para acceder ahora a las tareas y las clases cuando se lleva accediendo a ellas con su email, creado por mí, en estas semanas anteriores y cuando también debería estar protegido por la ley de protección de datos (mis datos, digo), aunque recuerdo perfectamente haber firmado la autorización para usarlo con fines comunicativos con el centro.
Innecesario es dejar de tener en cuenta la realidad de unos niños que han sido separados legalmente de su padre por maltrato (hacia ellos), al que no han vuelto a ver, ni saben nada de él, ni se hace cargo de nada de sus vidas y del que no sabemos su teléfono ni dirección, para habilitar un email en un estado de alarma por una crisis sanitaria mundial.
Innecesario es creer que es agradable buscar a un padre que de manera voluntaria ha decidido salir de la vida de sus hijos. Y yo me pregunto, si el colegio no ha sido capaz de localizarle, ¿qué les hace pensar que, en mi situación, yo si soy capaz?
Innecesario es recordarme que cada vez que necesito algo, tengo que llamar a mi abogada, aunque sea para tramitar una pura gestión como el empadronamiento de unos menores.
Y ya puesta, innecesario era tener que aclarar ahora que, ante el impago de las mensualidades del comedor de la parte proporcional que le corresponde pagar al padre de mis hijos, desde el curso pasado, el colegio, al no poder localizarle, las opciones que me dio fueron, pagarlo yo, que yo llamara al padre y le dijera que tiene que pagar, o echar a mi hijo del comedor.
Innecesario tener que recordar al colegio que, desde la fecha antes indicada soy yo, la madre, la que habitualmente viene haciéndose cargo de mis hijos, tanto en los pagos como en la asistencia al colegio, tutorías, comunicaciones, excursiones y demás actividades.
Innecesario es solicitarme, de nuevo, un documento que acredita nuestra situación y que he tenido que volver a hacer, recientemente, al presentar la inscripción de matricula de mis hijos para el nuevo curso que entra.

¿Necesitan más pruebas? Porque yo, sinceramente, creo que no son muy necesarias en un caso como el que estamos tratando, habilitar una cuenta de correo electrónico a un niño de sexto de Primaria para que pueda seguir, con la normalidad que se puede estos días, sus tareas escolares para que los profesores puedan justificar sus notas de evaluación ante la Administración.

Aun así, como suele ser normal en mi persona, después de haber consultado con inspección educativa, he vuelto a ponerme en contacto con la tutora de mi hijo, como siempre que ella se pone en contacto conmigo, educadamente, haciéndola llegar la respuesta a mi consulta con el fin de solucionar este tema y poder acabar el curso lo más satisfactoriamente posible para ambas partes y, que mi hijo pueda seguir las clases en igualdad de condiciones que el resto de sus compañeros.

A la espera de su respuesta.

Natalia Simón 🌙

Publicado por Natalia Simón

Persona, mujer, madre, socióloga, docente, investigadora social, HUMANA!!

2 comentarios sobre “La opresión que me asfixia

  1. Espero que todo se solucione, que tengas después de ese juicio custodia y patria potestad total y absoluta, Lo de las comunicaciones, si no pueden localizarlos… edictos y sino…. ejecución y al carajo. Ni tu ni tus hijos os merecéis esto y menos en estas condiciones que estamos viviendo todos

    Me gusta

  2. Es difícil mandarte ánimos ante una situación así, tan injusta y desagradable para ti, pero sobretodo para tus hijos. Créeme, te entiendo. Vivir algo así es devastador, sobretodo en las condiciones que estamos viviendo a día de hoy. Del tema educativo…, ¡¡qué te voy a decir que no sepas!! A veces me pregunto, dónde coño dejan la empatía en situaciones como estas. Solo puedo decirte: ¡ánimo, eres una luchadora nata!
    Un fuerte abrazo

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: