21 días de confinamiento

Hoy mi hijo mayor me ha preguntado si esta situación la había vivido anteriormente, le he respondido que no. ¿No?, ¿nunca antes habíais estado confinados? No hijo, no. ¿Ni has vivido una guerra? Está claro que mi hijo me ve mucho más mayor de lo que mi DNI grita. Eso, o que no tiene un fluido dominio de fechas históricas.
Parece que memorizar fechas no sirve de mucho si no se contextualizan los acontecimientos.

Que si el profesor, que si los padres,  que si el sistema educativo, que si el coronavirus…
He leído en estos pocos días (no voy a extenderlo a estos 15 años, edad de mi hijo mayor) variedad de opiniones, de profesoras y profesores, he aquí algunas de ellas:


– “Los padres ahora se están dando cuenta del esfuerzo y trabajo que es tener un niño durante 3, 4 o 5 horas trabajando, aprendiendo, intentando que pongan interés y haciendo piruetas para que no se aburran. Y se trabaja con más de 30 alumnos. Quizá es el momento de valorar el trabajo de los maestros”.
– “Los profesores durante estos días hemos preparado a contrarreloj trabajo y sesiones didácticas a través de diferentes plataformas digitales para nuestro alumnado…, preparando documentación, elaborando informes de seguimiento…, una burocracia excesiva en un  momento en el que debería primar la docencia. Da la sensación de que la Administración tenga que justificar que nos sigue pagando un sueldo…Mi aplauso hoy es para todos los docentes que estamos implicados en que nuestros alumnos sufran el menor perjuicio posible.
– “Las redes están saturadas. Los chicos piden ayuda a padres que no saben, no pueden o no quieren a la situación del día a día agregarle una más…Las consignas suelen necesitar una explicación que en ausencia del docente se traslada al familiar más cercano o a otro compañero vía WhastApp lo que suele oscurecer en vez de aclarar…”.


Es como si hubiera una o varias dianas a las que apuntar pese a quien le pese. Hay que buscar culpables, no desarrollamos la capacidad de asumir que esta situación nos ha pillado a todos, TODOS, desprevenidos. Y que ya habrá tiempo de ir reconstruyendo corazones rotos. Corazones en desempleo forzoso; corazones de niños retenidos en las fronteras de las paredes de sus casas; corazones de mayores en soledad forzada agradecidos por la humanidad de sus vecinos, de los voluntarios que día a día les preguntan si necesitan algo; corazones rotos de almas perdidas en políticas públicas forzadas también a reconducir sus medidas, sus prestaciones; corazones rotos de profesionales que están a pie de trinchera justo en la línea que separa la profesionalidad del desconcierto. Un sin fin de corazones rotos, cada uno con sus profesiones, trabajos, familias, necesidades, y voluntades.


¿A ver si ahora confundimos el confinamiento con la conciliación laboral? Cierto que muchas empresas están comprobando in situ que el teletrabajo es posible y nada malo en determinados puestos de trabajo y funciones por lo que, es como un pilotaje pero sin tiempo de entrega del informe evaluativo final que proponga, como posible medida de conciliación, teletrabajar para así poder tener tiempo para, por ejemplo se me ocurre, las tareas escolares.
Cierto también otras muchas certezas. Creo sinceramente que los profesionales de la educación están bien reconocidos, maestros, profesores, docentes… pero es como si nunca fuera suficiente. La profesión convertida en persona, y dar gusto a tantos a la vez, es más que imposible.


Habrá profesorado que siga un modelo de docencia, más conservador, tradicional, aburrido, otros un modelo más innovador (cuidado aquí a qué nos referimos con innovacion docente, no es el uso de pizarra digital), curioso, inclusivo…, profesores transgresores incluso.
Habrá padres que se quejen de todo, otros que entiendan el papel del profesorado en las aulas, unos colaboradores, otros más “pasotas”. Habrá padres en desempleo, madres con sólo un trabajo, el doméstico, no remunerado por cierto y no bien reconocido aún siendo necesario y diría yo, obligatorio, tanto como otras profesiones. Tantas y tantas situaciones, y cada una de ellas con sus peculiaridades y todas, igualmente importantes.


Y mira que soy de extremos, de blanco o negro, pero me supera la idiosincrasia de aquellos que pretenden con su dedo fácil,  ligero también diría yo, apuntar, acusar, culpabilizar.


En esta extraordinaria situación, que a todos nos ha pillado de imprevisto, dudo que algunos profesores estén adaptando la educación a la realidad de este momento, siendo más bien una continuidad ininterrumpida del horario escolar, aun teniendo la certeza de la imposibilidad de seguir normalmente los horarios cotidianos.
Los padres nos quejamos de todo (no todos), si mandan tarea porque la mandan, y si no, porque no la mandan. Pero, eso es una cosa y otra muy distinta que el profesorado actúe ajeno a la realidad, que solo les afecte “cumplir” con la normativa y estándares de aprendizaje, y así poder justificar que el alumno ha aprobado o suspendido, obviando que un alumno de primaria por mucha clase que reciba on line, por mucho vídeo de youtube, hangouts, u otros medios, no está habituado a trabajar, a estudiar de la forma obligada por un estado excepcional de alarma.


Sin embargo, el diálogo permite expresar las inquietudes, desde el respeto siempre, y el entendimiento mutuo, en este caso particular entre familias y profesorado, consiguiendo así que el confinamiento sea más llevadero para el alumnado y sus padres, y más reconocida la labor del profesorado.

Natalia Simón 🌙

Publicado por Natalia Simón

Persona, mujer, madre, socióloga, docente, investigadora social, HUMANA!!

2 comentarios sobre “21 días de confinamiento

  1. Gracias Natalia!! Consigues poder equilibrar el aluvión de quejas y culpas, exponiendo someramente todos los frentes. Yo me arriesgo a señalar con dedo inquisidor un culpable. Cada uno de nosotros. Por nuestra dificultad para expresar aquello que en el interior sentimos, por no poner en común. Profesores, directores, padres, alumnos, consejeros… todos somos parte de esto. Necesitamos poder expresar y canalizar nuestras voces, y hacer llegar la realidad a los que toman las decisiones para que poco a poco, y paso a paso se vaya priorizando a las personas por encima de sus instituciones.

    Le gusta a 1 persona

    1. Gracias Begoña. Intento que sea todo muy comedido e intentar poner algo de sentido racional a toda esta situación (si es que se puede porque no es fácil, la verdad). También podría arriesgarme a apuntar con el dedo, ¿por qué no? Y de alguna manera lo hago, ya que depende de quien lea la entrada se le dará una importancia u otra. No trato de tener contentos a todos, ni mucho menos, si no exponer que estos momentos, quizás, sea mejor unirnos, como tú dices, poder expresar y canalizar nuestras voces, ya que ni todos los profesores son iguales ni todos los padres tampoco, y en estos momentos lo que sí tenemos unos y otros en común es la sobrecarga de tareas en casa (que no es conciliación), la imposibilidad de atender las tareas escolares (por falta de tiempo, medios, desconocimiento, etc., los padres, y por falta de medios, recursos, o desconocimiento a la hora de programar sin apenas tiempo de reacción tareas online, también los profesores). Que los mensajes que llegan de la Administración, son confusos y a veces contradictorios, también, pero creo ahora, independientemente de que se tenga que evaluar, habría que aplicar el sentido común, y se puede evaluar de mil maneras no solo con un examen que, si me aprietas un poco, no creo sirva para afianzar conocimeintos, más bien para que el profesorado deje evidencias de que se ha evaluado, y si me apuras un poco más, lo más fácil para un profesor seguramente sea evaluar con examen, ya que no entran otros aspectos que creo tú y yo estamos demandando, otros aprendizajes como la empatía, el saber entender determinadas situaciones que la vida nos pone a prueba, emociones, entre otras… Pero creo que dentro de esta situación de solidaridad que si se está dando también hay una cara de puro individualismo, si a mi no me cubre está medida me quejo, sin pensar que quizás se están tomando otras medidas que sí están siendo válidas para otros, poco a poco debería darse solución a todos los problemas que van emergiendo, pero lo que si sería una queja muy acertada es que estamos en una país, en un mundo que no se hace previsión, es como que esto a mí no me va a pasar, si le pasa al otro es porque es “tonto”. Ya tendremos toda la información necesaria para pedir explicaciones, ahora no es el momento, ahora es el momento de ayudarnos, entendernos y proponer acciones que sumen, que mejoren.
      Cuando reflexiono me miro a mi, pero siempre miro al otro, porque por desgracia (hoy quizás por suerte) he vivido otras situaciones mucho más desfavorables y no soy capaz de mirar a otro lado.

      Me gusta

Responder a Begoña Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: